-Me llamo A.Puñette.
-Y a mi que carajo me importa como se llame.
-He venido a ofrecerle algo muy interesante
-Ya tengo algo muy interesante, puede irse.
-Primero tendrá que invitarme a una taza de café.
-Puede usted invitarse a sí mismo. Hay muchos cafés por la zona esperando que los prueben.
-El café suelta la lengua y colorea las palabras. Y según he oído el de aquí es muy bueno.
-Sí, lo es.
-Entonces invíteme a uno. Si después de terminarlo no le he conseguido convencer, no volveré a pedirle más.
- Aqui tiene...¿No va a a pedir ningún café...?
-No ahora… ¿Sabías que los copistas en la Edad Media no sabían leer?
-Ni idea.
-Solamente se limitaban a copiar lo que otros les ordenaban. De ahí que se tradujeran libros de temas sexuales o científicos sin ningún tipo de sanción o condena.
-Suena interesante, de verdad. Pero si me dice lo que quiere que le diga para que se vaya, quizás podamos terminar con esto rápido...
-¿Pierrot verdad?
-¿Cómo?
-¿Es usted Pierrot?
-No.
-Usted ya me entiende. Usted no se llama Pierrot. Pero es Pierrot. No lo ha elegido.
-Puede ser.
-Y yo soy A.Puñette.
-Sí, según me dijo hace un momento.
-¿Cree usted que es mi verdadero nombre?
-Imagino que no. Ni me interesa.
-¿Por qué viene aquí?
-¿Por qué viene aquí?
-Porque sirven el mejor café de la ciudad
-¿Seguro?
-Sí…
-¿Cómo se llama este bar?
-Ya lo sabe.
-Ya lo sabe.
-Claro que lo sé. Y me has dado unas monedas para que me marche rápido. Eso también lo sé.
-¿Por qué has venido tú?
-Porque quiero ayudarte.
-¿Qué me puedes dar tu que yo no tenga?
-Precisamente la respuesta a esa pregunta. Todo eso que no se te ocurre. Lo que te falta.
-¿Qué me falta?
-Compartir.
-No te conozco
-No te conozco
-Eso nos da ventaja. Un buen punto de partida…
Hablamos durante unos sorbos más de mí café y nos despedimos. Él no pidió nada, tan sólo se cobró mi curiosidad. Salí del lugar con un aplastante calor en la garganta. Hacia tiempo que no hablaba tanto. Y menos con un desconocido. Hemos acordado escribir en un blog conjuntamente. Nos volveremos a reunir cuando el tiempo este a punto de hacernos olvidar que sabemos hablar.
Hablamos durante unos sorbos más de mí café y nos despedimos. Él no pidió nada, tan sólo se cobró mi curiosidad. Salí del lugar con un aplastante calor en la garganta. Hacia tiempo que no hablaba tanto. Y menos con un desconocido. Hemos acordado escribir en un blog conjuntamente. Nos volveremos a reunir cuando el tiempo este a punto de hacernos olvidar que sabemos hablar.
Bienvenido A. Puñette.